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Problemas de mordida: cómo afectan a largo plazo a dientes y articulaciones

La mordida es una de esas cosas a las que apenas prestamos atención… hasta que empieza a dar problemas. Muchas personas conviven durante años con una mala mordida pensando que es solo una cuestión estética o “algo normal”, cuando en realidad puede estar detrás de dolores, desgastes dentales y problemas articulares que se agravan con el tiempo.

En este artículo vamos a explicarte, de forma clara y sin rodeos, qué son los problemas de mordida, por qué no deberías ignorarlos y cómo pueden afectar a tus dientes, a tu mandíbula y a tu calidad de vida a largo plazo.

¿Qué son exactamente los problemas de mordida?

Cuando hablamos de problemas de mordida nos referimos a una maloclusión, es decir, a una posición incorrecta de los dientes superiores e inferiores al cerrar la boca. En una mordida equilibrada, los dientes encajan de forma armónica y la mandíbula se mueve sin esfuerzo ni tensiones.

El problema aparece cuando ese encaje no es correcto. Puede deberse a factores genéticos, a hábitos durante la infancia (como chuparse el dedo), a la pérdida prematura de dientes, a empastes mal ajustados o incluso a tratamientos mal finalizados en el pasado.

Tipos de problemas de mordida más habituales

Existen distintos tipos de maloclusión, y cada uno tiene consecuencias específicas si no se trata a tiempo.

Mordida cruzada

Se produce cuando uno o varios dientes superiores muerden por dentro de los inferiores. Puede afectar solo a un lado o a ambos, y suele generar desviaciones mandibulares progresivas si no se corrige.

Mordida abierta

Los dientes superiores e inferiores no llegan a tocarse al cerrar la boca, normalmente en la zona frontal. Esto dificulta la masticación, afecta al habla y favorece el desgaste de los dientes posteriores.

Mordida profunda

Los dientes superiores cubren en exceso a los inferiores. A largo plazo, puede provocar lesiones en las encías, desgaste dental severo y sobrecarga de la articulación mandibular.

Cómo afecta una mala mordida a los dientes con el paso del tiempo

Uno de los primeros sistemas en sufrir las consecuencias es el propio diente. Una mordida desequilibrada provoca que las fuerzas de la masticación no se repartan de forma uniforme.

Con el tiempo, esto puede traducirse en:

  • Desgaste prematuro del esmalte, especialmente en zonas muy concretas
  • Fisuras o fracturas dentales, incluso en dientes sanos
  • Mayor sensibilidad dental, al quedar expuesta la dentina
  • Movimientos dentales no deseados, que agravan aún más la maloclusión

Mayor riesgo de caries, por zonas de difícil limpieza

La relación entre la mordida y la articulación temporomandibular

Aquí es donde el problema se vuelve más serio. La mandíbula está conectada al cráneo a través de la articulación temporomandibular (ATM), una de las articulaciones más complejas del cuerpo humano.

Cuando la mordida no encaja bien, la mandíbula se ve obligada a adoptar posiciones forzadas para poder cerrar la boca. Ese sobreesfuerzo mantenido en el tiempo puede provocar:

  • Dolor mandibular o facial
  • Chasquidos o crujidos al abrir y cerrar la boca
  • Bloqueos mandibulares
  • Dolores de cabeza frecuentes
  • Dolor cervical y tensión en cuello y hombros
  • Sensación de cansancio mandibular al masticar

En muchos casos, estos síntomas se confunden con estrés o problemas musculares, cuando en realidad el origen está en una mordida desequilibrada.

Corregir la mordida no es solo estética, es salud

Una mordida equilibrada no solo mejora la sonrisa. Mejora la función, reduce el dolor, previene desgastes futuros y protege la articulación mandibular.

Si notas que tus dientes se desgastan rápido, que te duele la mandíbula, que tienes dolores de cabeza frecuentes o que algo “no encaja” al morder, no lo dejes pasar. Cuanto antes se estudie el problema, más sencilla y conservadora será la solución.

En Clínica Dental Boyer apostamos por diagnósticos completos y tratamientos bien planificados, porque una buena mordida es la base de una boca sana a largo plazo.