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Por qué morderse las uñas puede provocar problemas dentales: Riesgos ocultos más allá de la estética

Te ha pasado. Estás en un atasco, esperando una llamada importante o simplemente viendo una serie, y sin darte cuenta, te llevas la mano a la boca. Morderse las uñas, o onicofagia, si nos ponemos técnicos, es esa costumbre nerviosa que casi todos hemos tenido o visto alguna vez.

Afecta a niños y adultos por igual y solemos pensar que el único problema son unas manos con aspecto descuidado o algún dedo dolorido. Pero la realidad es distinta.

Desde el punto de vista de la salud bucodental, lo que ocurre dentro de tu boca es mucho más complejo. En Clínica Dental Boyer sabemos que este hábito, que parece inofensivo, actúa como un enemigo silencioso. Desgasta, rompe y fuerza tu dentadura día tras día.

En este artículo vamos a ver exactamente cómo ese gesto repetitivo altera tu sonrisa y por qué deberías intentar frenarlo antes de que requiera tratamientos complejos.

¿Qué es la onicofagia y por qué ocurre?

Para solucionar el problema, primero hay que entender el origen. La onicofagia es el impulso incontrolable de morderse las uñas. Suele empezar en la infancia y, si no se corrige, nos acompaña hasta la edad adulta como una sombra.

Más allá de la manía, la psicología y la odontología coinciden en algo: es una válvula de escape. El estrés del trabajo, los exámenes o la ansiedad pura y dura actúan como detonantes. Al morder, buscas liberar tensión. Y funciona, tu mente se calma un segundo. El problema es que, mientras tu cerebro descansa, tus dientes sufren un micro-traumatismo constante.

El impacto directo en el esmalte y la estructura dental

A veces olvidamos la física básica. Al morderte las uñas, estás provocando un choque violento entre dos superficies muy duras: el esmalte dental (el tejido más resistente del cuerpo) y la queratina de la uña. Aunque el diente sea más fuerte, la repetición acaba ganando la batalla.

1. Desgaste y microfracturas

Lo primero que notarás es el cambio en la forma de tus dientes. El borde de los incisivos (las «paletas») se desgasta, perdiendo su perfil original y volviéndose plano o irregular.

Pero hay un riesgo mayor: el astillamiento. La fuerza que haces para cortar la uña es excesiva y focalizada. Esto genera microfracturas en el esmalte, pequeñas grietas invisibles que debilitan la estructura del diente. De repente, un día muerdes una almendra o un trozo de pan duro y el diente se rompe. No fue el pan; fue el daño acumulado durante años.

2. Aumento de la sensibilidad dental

Si limas el esmalte continuamente, acabas exponiendo la dentina, que es la capa interna donde residen las terminaciones nerviosas. El resultado es inmediato: hipersensibilidad.

Si empiezas a notar punzadas agudas al beber agua muy fría o el café de la mañana, tómalo como una señal de alarma. Tu esmalte ha perdido grosor y ya no protege como debería.

Salud de las encías: Infecciones y retracción

Piénsalo un momento: las manos son el vehículo principal de gérmenes hacia nuestro organismo. Al morderte las uñas, no solo introduces la uña en la boca, sino todo lo que vive debajo de ella.

Bacterias y riesgo de gingivitis

Bajo las uñas se acumulan bacterias, hongos y virus. Al llevarte los dedos a la boca, facilitas que estos microorganismos colonicen tus encías, aumentando el riesgo de infecciones, aftas y agravando cualquier cuadro de gingivitis que pudieras tener.

Trauma mecánico en el tejido gingival

A veces no es solo cuestión de bacterias, sino de física. Es muy común que un fragmento de uña se clave o se quede atrapado entre el diente y la encía. Esto provoca inflamación, dolor local y, en casos más severos, abscesos. Si el hábito persiste, la encía puede retraerse para «huir» de la agresión constante, dejando la raíz del diente al aire.

La Articulación Temporomandibular (ATM): La gran olvidada

Quizás este sea el efecto secundario más doloroso y el que menos gente asocia con morderse las uñas. La ATM es la bisagra que une tu mandíbula con el cráneo.

Haz la prueba: para morderte una uña, tienes que forzar la mandíbula hacia adelante en una postura antinatural (protrusión). Mantener esa tensión durante minutos u horas, sumado a la fuerza del corte, agota la articulación.

Este sobreesfuerzo suele derivar en:

  • Dolor crónico en mandíbula, cuello y cabeza (esas cefaleas que no sabes de dónde vienen).
  • Chasquidos al abrir la boca.
  • Bloqueos o dificultad para masticar correctamente.

Relación con el bruxismo y la maloclusión

Existe una conexión directa: quien se muerde las uñas de día, suele apretar los dientes de noche. Ambos son hábitos relacionados con la gestión de la ansiedad. Si mantienes los músculos de la cara en tensión durante la jornada, es muy probable que esa tensión continúe mientras duermes en forma de bruxismo, creando un círculo vicioso de desgaste.

En el caso de los niños, cuyo hueso aún es maleable, el riesgo es doble. La presión constante puede mover los dientes, girarlos o crear diastemas (separaciones), alterando la mordida permanentemente.

Pacientes con ortodoncia: Un riesgo doble

Si llevas ortodoncia, ya sean brackets o alineadores, morderse las uñas es, sencillamente, sabotear tu propio tratamiento.

  • Rotura de aparatos: La palanca que haces al morder puede despegar brackets o doblar arcos. Esto significa urgencias dentales y más meses de tratamiento.
  • Reabsorción radicular: Tus dientes ya están bajo presión para moverse. Si le sumas la fuerza traumática de la onicofagia, las raíces pueden acortarse (reabsorción), comprometiendo la estabilidad de tu sonrisa a largo plazo.

Consejos para romper el ciclo

Dejarlo no es fácil. Es un comportamiento automático. Pero por el bien de tu boca, merece la pena intentarlo. Aquí tienes algunas estrategias que funcionan con nuestros pacientes:

  • Identifica tus momentos: ¿Es en el coche? ¿Viendo la tele? Sustituye el hábito en ese instante preciso por una pelota antiestrés o un chicle sin azúcar.
  • Ayuda externa: Los esmaltes con sabor amargo de farmacia son un clásico porque funcionan como un recordatorio inmediato cada vez que te llevas el dedo a la boca.
  • Manicura impecable: Llevar las uñas cortas y bien limadas evita que haya bordes irregulares que te «tienten» a morder para igualarlos.
  • Férulas de descarga: Si también rechinas los dientes, una férula nocturna protegerá tu esmalte y ayudará a relajar la musculatura.

Conclusión: La prevención es la clave

Morderse las uñas es mucho más que «un vicio feo»; es un factor de riesgo real que compromete la funcionalidad de tu boca. Desde bordes dentales rotos hasta dolores de cabeza crónicos por la tensión mandibular.

En Clínica Dental Boyer creemos que la mejor herramienta es estar informado. Si notas que tus dientes están cambiando de forma, sientes sensibilidad o te duele la mandíbula, ven a vernos. Evaluaremos el estado de tu salud oral y te explicaremos qué servicios y tratamientos conservadores podemos aplicar para recuperar tu estética y tu bienestar.

Recuerda: las uñas vuelven a crecer, pero el esmalte dental es un tesoro que, una vez perdido, no se regenera. Cuídalo.